Volunteer for Encounter Magdala 2024 - Maria

Voluntaria del Encuentro Magdala 2024 - María

Autora: María Martínez


En 2023, fui voluntaria en Magdala, donde experimenté una transformación espiritual que cambió mi vida. Durante ese tiempo, tuve un encuentro con Cristo como no lo había sentido en mucho tiempo. Aunque siempre había sido creyente, nunca había experimentado una conexión tan profunda con Él hasta ese momento. Sentí como si su manto me envolviera y su amor me llenara, sanando las heridas de mi corazón. Fue un momento de sanación y renovación, donde decidí convertirme en su apóstol y prometí seguirlo sin importar las circunstancias o dificultades que pudiera enfrentar. No solo encontré un nuevo propósito, sino también una inmensa familia que compartía mi fe y mi amor por Cristo.

Este año, como voluntaria en el Encuentro Magdala 2024, reviví una experiencia profundamente espiritual que me transportó a aquellos momentos en Tierra Santa. Desde el primer instante, sentí una renovada cercanía a Cristo, como si volviera a tocar su manto.

Fue como si me susurrara al oído: «No estás sola; estoy aquí contigo y te amo». En ese instante, sentí un abrazo inmenso que llenó mi corazón con un fuego renovado de amor y esperanza.

Cuando comenzaron a llegar los peregrinos, algo cambió en mí. Dejé de ser simplemente yo misma y me convertí en un instrumento de Cristo, llena de amor y esperanza para aquellos de diferentes partes del mundo. Mi misión era compartir con ellos un poco de la experiencia vivida en Tierra Santa, pero sobre todo, compartir el inmenso amor de Cristo. Cada encuentro con los peregrinos era una oportunidad para ofrecerles un reflejo de la profunda conexión espiritual que había experimentado y para ser un canal de su amor y esperanza.

Ser apóstol de Cristo es una experiencia que te transforma por completo. Es una invitación constante a caminar a su lado y compartir su amor con los demás. Durante el Encuentro Magdala, vivimos los cuatro elementos del Encuentro: cantar, caminar, compartir y celebrar junto a los peregrinos. Fue un claro ejemplo de lo que significa ser apóstol en el mundo actual. Sentí en cada momento la presencia de Jesús, guiando nuestros pasos y uniendo nuestros corazones en su amor. Fue como ser uno de sus discípulos, llamado a seguirlo y a difundir ese amor divino infinito a todos los que nos rodean.

A medida que avanzaba el Encuentro, comprendí que no estaba solo en mi misión. Cristo estaba a mi lado, fortaleciéndome y guiándome en cada paso del camino. Me recordó que ser su apóstol no es solo una elección, sino un llamado que trasciende las dificultades y pruebas de la vida. Es un privilegio y una responsabilidad compartir su amor y su mensaje con el mundo, y estoy profundamente agradecido por la oportunidad de hacerlo y seguir sus pasos.